26 Junio 2009

El placer de olvidar qué día era

La Serena d'Altea

La Serena de Altea. El rinconcito del piano

Un café, Gmail, iPhone, otro café, Facebook, llamada de teléfono perdida, Remember The Milk, máss llamadas, reuniones, faxes, prisas, comes lo que sea, envío de facturas, disculpas, analizas encuestas. Nuevos presupuestos, negociaciones, gestiones, bancos.

Comienza un viernes más. Y encima toca ir a Altea, que tenemos un compromiso. Hemos quedado en un lugar para comer y para relajarnos – dicen- en un hammam. Como si fuera tan fácil desconectar la cabeza cuando tienes tantas cosas pendientes, pienso irónico.

Recojo a una compañera, ponemos la dirección en el GPS y hacia Altea. De camino, más llamadas. Cuando llegamos a la puerta del sitio en cuestión, me noto palpitar el corazón, una vez más estoy demasiado estresado. Como diría L’Oréal, decido que apago el móvil porque yo lo valgo.

El edificio me mira con unas cortinas blancas que se mueven con el airecito. Reconozco que soy un poco especial porque tengo especial predilección por los detalles, pero a la vez no soporto los ambientes barrocos y cargados. Igual es que no estoy preparado, pero el caso es que me saturan como los platos mediocres disfrazados con salsas densas.

Pero entro a La Serena y puedo sentir, sencillamente, que me encaja. Lleno de detallitos que hacen sonreír todos mis sentidos, como la primera vez que probé la comida de la India. Deliciosa, compleja, llena de matices que te explotan en el paladar con equilibrio. Inolvidable.

Nos dan la bienvenida, y nos llevan al hammam, donde la luz suave, la conversación divertida y privada, el vapor de agua, el calor que reconforta, la música que habíamos elegido nosotros mismos y los olores y las texturas de los jabones de aceite de oliva, desdibujan poco a poco el mundo exterior.

Nos avisan desde recepción que es la hora de comer. Nos miramos extrañados, como pensando que ha pasado poco tiempo. Me ducho como quiero, con agua fría y a oscuras, para incrementar la sensación. Fantástico. Me seco mientras me pregunto qué día era.

Subo a la terraza donde, aparte de reírse de mi cara de relax innegable, me invitan a compartir mesa y una copita de cava. Rodeado de amigos y de la brisita que llega del mar, todavía me cuesta unos veinte minutos salir mentalmente del hammam.

Si os habéis quedado con ganas de más, leed la receta de foie que nos sirvieron a continuación, y que tienen colgada en el flickr. Fantástica.

Otro día os hablaré de la comida, de cómo se nos hizo casi de noche en La Serena, y como después del paseo por la parte vieja de Altea me volví hacia Alicante con la sensación de que tengo un lugar más donde me sé en casa. Y que me lo permitiré unas cuantas veces, porque en la vida, si no nos malcriamos nosotros, ¿quién lo hará?

Buen fin de semana,
Hèctor

P.D. Vaya desde aquí mi agradecimiento sincero a Elia y a todo su equipo, por la pasión, el esfuerzo y la ilusión que ponen día a día para crearnos tantas y tantas sensaciones a los viajeros que atracamos en su puerto . Volveré.

16 Febrero 2009

42516 Oistrakh

Según he podido averiguar gracias a la wikipedia, el astrónomo alemán Freimut Börngen catalogó 519 asteroides a lo largo de la su vida como científico, que de hecho continúa en la actualidad aunque ya se ha jubilado. Admirable. Börngen, que parece tener una reconocida reputación por sus valores humanos y su criterio bien fundamentado a la hora de elegir nombres para los asteroides, bautizó el que descubrió el 11 de noviembre de 1993 como 42.516 Oistrach, en memoria del violinista judío David Fyodorovich Oistrakh y su hijo Igor.

El violinista nacido a orillas del Mar Negro, nació en el seno de una familia judía de comerciantes y comenzó a estudiar violín a la edad de cuatro años. Si queréis conocer más la vida de Oistrakh, os recomiendo la lectura de la entrada que os he pasado. Es cosa nuestra saber si queremos o no estirar los hilos que a diario nos aparecen para aprender, y es que la vida puede ser muy estimulante si sabemos leer entre líneas.

Aprendes por ejemplo que Oistrakh desarrolló una amistad con Shostakovich, a raíz de la cual grabó buena parte de sus obras de violín. Lo que me recuerda que tengo pendiente el descubrimiento de Shostakovich. Como tantas y tantas cosas, a la vaca que va.

Pero en concreto, a mí lo que me ha impactado bastante es saber que durante la segunda guerra mundial, Oistrakh continuó enseñando en el conservatorio de Moscú y que cuando la Alemania nazi invadió la Unión Soviética, fue al frente y tocó para los soldados y los trabajadores de las fábricas en condiciones muy difíciles. El acto más heroico de su vida tuvo lugar en invierno de 1942, cuando interpretó un concierto de Tchaikovsky en una sala de conciertos en el centro de Stalingrad, al mismo tiempo que la Luftwaffe bombardeaba la ciudad de forma masiva.

Oistrakh era consciente de ser uno de los principales embajadores culturales de su país y este hecho, sumado a su pasión absoluta por la música, hizo que continuara trabajando a un ritmo frenético después de un ataque al corazón que sufrió el año 1964 . Diez años después y en plena actividad, no superó un segundo ataque al corazón y murió en Amsterdam. Sus restos descansan por fin al cementerio de Novodevichy .

Yo no aspiro a un descanso eterno tan noble, pero en cambio hoy estoy bien descansado porque he dormido espectacularmente bien. Hay quien le llama tener la conciencia tranquila pero yo me lo tomo más bien como un malcriarme. He aprendido a hacerlo de vez en cuando porque a veces no eres consciente del ritmo que llevas hasta que mucha gente te lo dice desde fuera. Y así después de unas páginas de Kundera compartidas en la distancia, he dormido 7 horas seguidas.

Pero hay cosas que te producen un contraste más acusado que tener trescientas personas diciéndote – Hèctor, no crees que quizás vas demasiado rápido por la vida? . Y es que todos tenemos teclas muy concretas que no toda la gente sabe tocar. Nunca habéis tenido la sensación de que hay personas que de alguna manera y sin pretenderlo, vibran en el mismo armónico que tú?

De un tiempo a esta parte, veo que estoy rodeado de personas especiales. A veces ellas son electrones de valencia que orbitan en torno a mi vida. A veces soy yo quien se maravilla de girar a su alrededor y observa cuánta belleza hay en sus detalles. Personas que se comprometen, que asumen la voz de su pueblo , que se esfuerzan por su gente y su cultura. También personas que te dicen que encuentran muy natural entenderte y que te enriquecen con su presencia, que sientes cercana desde la distancia. Otras que te han dicho que encuentran que tu mundo es muy bonito y que te hacen sonreír porque nunca te lo habían dicho antes. Y personas que te dicen que vivir en pareja es saber que puedes compartir un silencio en casa sin que pese, sentirse plenos así sin que tenga que pasar nada más.

Hay por último las personas que, de forma intuitiva, te pasan un vídeo de Clair de Lune porque saben que dejarás todo lo que estabas haciendo, bajarás al suelo, empezarás a sentir el violín, subirás al cielo y temblarás como una hoja.

Quizás por la música. Quizá por saber que te han entendido.

4 Diciembre 2008

Move on

1 Diciembre 2008

Inteligencia emocional

contradicció

Acabo de ver en microsiervos esta frase:

El problema con el mundo es que los estúpidos están seguros de sí mismos y los inteligentes llenos de dudas.

Bertrand Russell

Y bien, la cosa es que ya hace días que pienso que si en mi vida hay una cosa de la que estoy totalmente seguro, es de estar lleno de dudas. Por lo tanto, ¿tengo que entender que esta frase me ha hecho más inteligente? ¿O tal vez más estúpido? No lo puedo evitar, me encantan estos juegos.

Creo que necesito glucosa.

6 Octubre 2008

Montañas

Conforme pasa el tiempo, y te vas conociendo más, llegas a la conclusión de que por carácter, si te planteas subir una montaña, la subes tarde o temprano. Con motivación, por mucho que te cueste, llegas arriba y haces cima.

Hay veces que la vista desde arriba compensa el esfuerzo. Pero hay otras ocasiones en las que llegas arriba y te das cuenta de que no era tu montaña. Algo has aprendido en el camino, claro, pero te decepciona la vista.

Y bueno, ya que estás arriba, miras a tu alrededor para fijar tu siguiente objetivo. Y así vas entreteniendo el camino mientras subes montañas. Pero llega un momento en que el mito de Sísifo se cruza en tu camino, y paras. Y reflexionas.

Llegas a la conclusión de que en la vida, el problema no es subir montañas, sino saber elegir las que merecen la pena. Y de no centrarse tanto en hacer cima como de disfrutar mientras estás en la montaña.

25 Septiembre 2008

Dat Dere

En ocasiones, quan no puedes conciliar el sueño y das vueltas y vueltas sobre las almohadas de la cama, y las sábanas se enrollan alrededor de un único cuerpo, no hay nada mejor que asumir que no dormirás demasiado, y sacarle el máximo provecho a la noche. Ni recuerdo la de veces que habré escuchado esta pieza de jazz.

21 Septiembre 2008

Diagonal, 2

10 Septiembre 2008

Una vieja butaca ocre

Yo aprendí la mayoría de las cosas que sé sentado en una vieja butaca. Una de esas que generalmente acaban en la basura cuando te las encuentras en una casa que acabas de heredar.

La butaca estaba cubierta por un viejo tejido ocre bordado con motivos dorados. De hecho, sólo quedaba la traza de estos motivos, y es que la butaca era tan vieja y usada que tenías que ser un iniciado para darte cuenta de que había algo allí.

Sea como sea, no era una pieza bonita ni bien diseñada. Era simplemente un mueble tapizado muy sencillo, y había que poner un cojín extra para estar cómodo. En invierno no era un asiento cálido. Pero en verano podías fácilmente coger la sarna si te sentabas en él. Todavía recuerdo esas calurosas tardes de agosto, cuando teníamos que cubrir el asiento con una toalla de playa para evitar quedarte pegado al tejido.

No me preguntes por qué, pero de repente me he acordado de todo eso. Igual es por la hora del día. Yo solía sentarme en esa butaca cada día sobre esta hora. El sol acostumbraba a tener el mismo color que tiene ahora entrando a través de la ventana.

Pero esta butaca no era la única, ya que había dos idénticas en esa habitación. Yo me sentaba en la más cercana a la puerta, porque casi siempre llegaba tarde. Irónicamente, a veces una butaca perfectamente ordinaria como ésta de la que estoy hablando, una pieza de mobiliario que no es destacable en absoluto, juega un papel fundamental en la vida de alguien.

Sólo dos butacas y una habitación muy humilde. Largas tardes para hablar tranquilamente. Tiempo para mirar a la otra persona y muchas horas para escuchar y ver cómo las palabras se desvanecían en el aire. Tiempo para estar cogidos de las manos. Tiempo para besar esa otra cara tan familiar, para sonreir mientras aprendes cuánto quieres a esa persona, cuando te das cuenta de cómo de maravillosa y compleja puede ser la vida. Mientras el tiempo pasa.

Fueron tardes donde siempre había una sorpresa al volver la esquina. Tardes alegres para reir con charlas desenfadadas. Tiempo para llorar juntos mientras recuerdas la vida. Cuando parece que no pasa nada y años después comprendes que muchas cosas importantes estaban pasando. Tardes eternas que se convertían en noches. Porque habías experimentado sentimientos tan intensos que la oscuridad había caido sobre ti de forma inesperada. Mientras tú estabas enganchado por esos ojos.

Esos ojos profundos. Ojos alegres, tristes, cansados. Cansados de haber visto demasiado. Nacimientos, muertes, guerras, alegría, tristeza, desesperación, pequeñas desventuras que el destino había puesto en el camino.

Pero recuerdo que esos ojos siempre estaban inquietos, siempre vivos. A veces mirando a la nada, tal vez intentando encontrar a alguna persona especial que ya no podía sentase en la misma butaca que yo ocupaba.

Cara a cara. Sólo dos butacas humildes. En esa habitación yo entendí quien era, y de qué me tengo que sentir orgulloso. Aprendí hacia dónde debía ir. Aprendí cuan intensamente podía querer a alguien. Esa persona comenzó como parte de mi familia, sólo un pariente. Ahora se que tuve una muy buena amiga.

Tal vez algún día te hablaré de ella. De la forma en que ella entendía la vida. De cómo me quiso. La echo tanto, tanto de menos. Sé que un día te enseñaré sus fotos.

Mi abuela. La iaia Elòdia.

23 Agosto 2008

Pigs & The City

17 Agosto 2008

Dos

Él se pone las gafas un poco más abajo, y mira por encima de ellas. Con cariño y parsimonia, saca un peine del bolsillo de la rebeca. Lentamente y tratando de no hacerle ningún daño, va bajando el remolino que el viento ha formado en los cabellos de la mujer que va de su brazo. Hoy no la he peinado bien, parece culparse con la expresión de su cara.

Caminan paso a paso, muy lentamente. Hacen paradas cada pocos metros, recuperan el aliento y continúan muy poco a poco. Como si tuvieran todo el tiempo del mundo. Quizás lo tienen. A su alrededor la vida sigue y todo va rápido, pero no parece que eso les moleste.

Él saluda y sonríe a cada persona que se les cruza por el camino. Y la mira con tanta ternura que parece que la lleva levitando. Ella, a veces ha contestado a mis buenos días. Otras veces, cada vez más, no lo hace, ausente como está. Se limita a devolver mi sonrisa con otra sonrisa un tanto extrañada de mi familiaridad. Y se refugia en su hombre, presionándole el brazo con la mano para recobrar la valentía que ya no tiene. Él me sonríe por los dos, entre agradecido y resignado. Cosas de hacerse mayor, parece decirme.

Me decía un vecino en la piscina que vienen cada día a ver un hijo que vive cerca de nosotros. Parece que con el calor, no lo están pudiendo hacer porque ella se desorientaba. Si por algo quiero que termine el verano, es para poder verlos de nuevo, a mi pareja de ancianos. Paseando con dignidad una de las demostraciones continuadas de amor más bonitas que conozco. Les envidio la suerte de haber estado toda la vida juntos.

El vecino me comenta que deberíamos hacer un club social. Y yo me doy cuenta de que en nuestra urbanización, casi no hay bancos para sentarse.